El goce innombrable
- 25 feb 2018
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Partiendo de un video inicial que hice hace dos años aproximadamente, el cual aprecio muchísimo pues es un proyecto realizado junto con mi hija, quise hablar un poco de mi rol de madre en "Desapego" y ha sido el preámbulo para tratar de discernir qué es ser mamá, sobre los hijos como individuos separados del cuerpo materno, el apego, y bueno… Cada vez salen más y más cosas por definir o mejor dicho por definirme.
En el libro Figuras de la Madre de Silvia Tubert en el capítulo 3 se analiza dos posiciones feministas al respecto:
Julia Kristeva habla que la madre es un ser estable y poderoso y entiende que el deseo de ser madre es algo alienante e incluso reaccionario y valora el ritmo biológico.
Por otra parte Simone de Beauvoir siente y manifiesta el horror al vientre materno, ya que para ella el feto es un invasor extraño que roba a la mujer su individualidad, culturalmente la mujer al concebir deja de ser ella para convertirse en lo que debe ser una madre socialmente, de este modo ella se invisibiliza.

Estas dos voces al parecer opuestas entre sí de cierta manera ha formado parte de mi. En estos últimos años, en que mi rol de madre ha sido cuestionado de muchas partes, en especial por mi, me he dado a la tarea de escuchar y reconocer que la vida esta hecha de grises y son infinitos. En verdad nunca me he arrepentido de ser madre, pero si puedo decir que mi imaginario romántico de la maternidad ha cambiado. En un tiempo de mi vida no desee ser madre, quería tener la libertad de moverme y sentir que no me debía a nadie, quería viajar, estudiar, conocer, la posibilidad de tener hijos era algo que estaba en último lugar. Pero después, me pasó lo que dice Kristeva, se apoderó de mi como algo alienante y reaccionario el deseo de ser madre.
” Por un lado están los ciclos, la gestación , la eterna recurrencia de un ritmo biológico conforme a la naturaleza que impone una temporalidad cuyo carácter estereotipado puede chocar, pero cuya reguralidad y concordancia con lo que experimenta como tiempo extra-subjetivo, cósmico, ocasiona visiones vertiginosas y un goce innombrable”[1]
Ese goce innombrable aun lo tengo en mi memoria y en mi pecho.
[1] TUBERT, Silvia (ed), Figuras de la madre. Madrid, Ediciones Cátedra, 1996. Pág. 163










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